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Pensar lo humano de la persona

TENGO HAMBRE

Queridos amigos:

Creo haber tenido una infancia feliz. Guardo recuerdos muy gratos de aquellos años en los que la memoria personal se combina con los recuerdos de los mayores sobre mí. Hay expresiones de mis abuelos que me han dejado mella, señal y una profunda enseñanza. De una de ellas quisiera hacer memoria en este mes de febrero, mes de Manos Unidas, mes de la Campaña contra el Hambre. Era cerca del mediodía, y mientras mi abuelo andaba entre las plataneras de la costa de Icod, yo jugaba a ayudarle –hoy sé que jugaba, entonces creía que le ayudaba-. Le dije, “abuelo, tengo hambre”. Esa fue la ocasión para la gran enseñanza: “Pedro, no digas eso. Tienes ganas de comer, pero hambre no; tú no sabes lo que es tener hambre”. Eso me dijo. Y eso quiero recordar en estos días del mes de febrero en el que queremos no olvidar que en este mundo, a pesar de los avances científicos y técnicos, a pesar de cansarnos de hablar de crisis económica y financiera, en este mundo, dos tercios de la población pasa hambre, y una buena parte contabilizada en millones de personas, muere de hambre. No es que tengan ganas de comer; es que mueren de hambre. La mesa del mundo está llena de alimentos. En ella, -diez estamos a la mesa-; dos personas, comemos muy bien; ocho de ellas pasan hambre. Dos padecemos de sobrepeso y sufrimos el ataque del colesterol; ocho padecen desnutrición y hasta mueren con el estómago vacío. La solidaridad llama a nuestra puerta; se nos invita al ayuno voluntario y a entregar lo ahorrado a Manos Unidas. Ayuno voluntario, porque millones ayunan obligados y claman, aunque no los oigamos: “tengo hambre”. Con afecto, y como siempre, un amigo.
Escrito por JUAN PEDRO RIVERO GONZÁLEZ

El Canasto de Carbón

El Canasto de Carbón


Se cuenta la historia de un anciano que se mantuvo en una granja en las montañas de Kentoky oriental con su joven nieto.
Cada mañana el abuelo se sentaba temprano en la mesa de la cocina para leer su vieja y estropeada biblia.
Su nieto que quería ser como el intentaba imitarlo de cualquier manera, y un día le comento a su abuelo: yo intento leer la biblia pero no la entiendo y lo que logro entender se me olvida en cuanto cierro el libro, Que hay de bueno en ella? Le pregunto el nieto
El abuelo calladamente dejo de echar carbón en la estufa y dijo, baja el canasto de carbón ve al rio y trae agua en el, el muchacho hizo tal y lo que su abuelo le había dicho, aunque toda el agua se salió antes de llegar a su casa, el abuelo se rio y le dijo tendrás que moverte un poco más rápido. Esta vez el muchacho corrió más rápido, pero de nuevo el canasto estaba vacío antes de volver a su casa. Ya sin respiración le dijo a su abuelo que era inútil llevar agua en ese canasto y fue a buscar otro; a lo que el anciano replico, yo no quiero un balde de agua yo quiero un canasto de agua, tu lo puedes hacer solo que no lo estas intentando lo suficiente y salió a la puerta para mirar al muchacho intentarlo de nuevo, El muchacho sabia que era imposible pero quería mostrar a su abuelo que el agua se saldría antes de que llegara a casa, pero cuando llego, el canasto estaba vacio nuevamente, y sin ya poder respirar dijo a su abuelo: mira vez que es inútil, ¿Por qué piensas que es inútil le dijo el abuelo? Mira dentro del canasto, el chico miro y vio que el canasto se veía diferente, ya no estaba sucio de los restos del carbón sino muy limpio. A lo que el abuelo le dijo: Hijo esto pasa cuando tu lees la biblia, tal vez no puedes entender o recordar todo, pero cada vez que la lees cambia tu interior, esa es la obra de Dios en nuestras vidas, cambiarnos desde adentro y muy lentamente transformarnos a la imagen de su hijo.

Lo Bueno y Lo Malo

Lo Bueno y Lo Malo

Había una vez un campesino pobre que trabajaba la tierra duramente con su hijo, un día el hijo le dijo: Padre que desgracia, se nos ha ido el caballo, a lo que el padre responde: ¿Por qué le llamas desgracia? Veremos lo que nos trae el tiempo…… A los pocos días vieron que el caballo regresaba acompañado de otro caballo; ¡Padre que suerte! exclamando el muchacho, mira nuestro caballo vino con otro, a lo que el padre responde: ¿porque le llamas suerte? veamos que nos trae el tiempo………. Unos días más tarde, el muchacho monta al caballo nuevo y este al no estar acostumbrado lo bota al suelo rompiéndose una pierna, el padre al escuchar el golpe se acerca y el muchacho le dice: Padre que desgracia, me he roto la pierna y el padre con su experiencia y sabiduría respondió: ¿Por qué le llamas desgracia? Veamos que nos trae el tiempo……… El muchacho adolorido lloraba en su cama porque no comprendía la respuesta de su padre. Pasada una semana, llegaron a la aldea unos hombres enviados del rey, buscando a jóvenes para la guerra, al llegar a casa del anciano vieron que el muchacho tenía una pierna rota y escayolada, como no les servía lo dejaron y siguieron su camino. El joven al fin comprendió a su padre cuando le decía que no había que dar ni la desgracia ni la fortuna como la única opción, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo para ver si algo es Bueno o Malo.